Decadentismo marplatense

Publicado en Revista PUL #6 Octubre 2012.

 

Un proyecto dedicado a lo lúdico, los encuentros, las fiestas y las manifestaciones artísticas le permite a Marina Zuccon reflexionar sobre un estilo vernáculo de la ciudad costera: el decadentismo. 

Mundo Dios está en el puerto de Mar del Plata, en un edificio del año 1912 donde habían funcionado las oficinas de la empresa france- sa Société des Travaux Publics de Paris, que se ocupó de su construcción. Juan José Souto y Daniel Basso lo alquilaron en el año 2009 y comenzaron su remodelación. Con su sello estilístico, la colaboración de Fabián Ramos, Yamandrú Rodríguez, Mariano Ullua, Mar- cela Baltar, Mariana Pellejero, Adriana Sasali e Ignacio Mendía y un entusiasmo inusual crearon un espacio que alberga diferentes experiencias artísticas.

Basso y Souto son antes que nada unos mag- níficos anfitriones que supieron conjugar el ánimo fresco de aquel que busca sol, playa y distracción con una energía productiva y creativa, inventando una estancia para lo lú- dico, los encuentros, las fiestas y la manifes- tación de diferentes artistas.

En el edificio funciona un hostel con habitacio- nes colectivas e individuales abierto a hués- pedes ocasionales y a artistas residentes. En 2011, gracias a un subsidiado del Fondo Na- cional de las Artes, se realizó la primera Beca Mundo Dios, que duró nueve meses y contó con la participación de trece artistas. La beca tuvo clínicas dadas por Ernesto Ballesteros y ta- lleres a cargo de Rosario Blefari y Rafael Cipollini, entre otras actividades. La exposición de los trabajos ya desembarcó en la ciudad de Buenos Aires en Slyzmud y también en la casa shabby chic de Victoria Ocampo en la ciudad costera. Mundo Dios además tiene su propia sala de exposición llamada My Dary, por el cabaret que perteneció a Margarita Di Tullio, la fa- mosa Pepita la Pistolera, que se encuentra del otro lado de la medianera. He leído que el antro se estructuraba de manera dantes- ca: Cielo, Infierno y Purgatorio. También he escuchado rumores sobre una legendaria du- cha de leche chocolatada. Lo cierto es que la sala se inauguró una semana después de la muerte de la madama, cuya memorable pompa fúnebre pasó por la puerta del esta- blecimiento. Bautizar la sala con este nom- bre resulta un gesto valiente que reconoce el espíritu del puerto cabaretero, lujurioso y moralmente dudoso.

Los artistas seleccionados para exponer en la sala siguen uno de los criterios legitimadores del ámbito del arte: el amiguismo. Lo particular es que, en este caso, saben rodearse bien y tener amigos interesantes como Nicolás Ro- bbio, Ernesto Ballesteros, Valeria Gopar, Inés Drangosch, Inés Raiteri, Juliana Iriart, Yaman- dú Rodríguez, Nadia Lawson, Sebastián Bruno e Irina Kirchuk, entre otros.

Probablemente Mundo Dios funcionará co- mo contrapunto del Museo Provincial de Arte Contemporáneo (MPAC) – Mar del Plata que se está construyendo en el otro lado de la ciu- dad y que tiene como fecha prevista para su inauguración mayo del 2013 (el ganador del concurso fue el proyecto del estudio Mono- block, de los arqutiectos Cynowiec, Amadeo, Schachter, Granara y Russo). Por lo pronto, es significativo que este espacio compara- tivamente pequeño, en clara desventaja de recursos y de alguna manera marginal, se acomode a la vanguardia.

Paralelamente, Souto, Basso y Ramos desa- rrollan una línea de diseños de mobiliario e interiorismo que se constituye como una pro- puesta sobre el decorativismo marplatense. Pareciera ser fundamental para esta mirada ubicarse en el puerto, una atracción turística poco atractiva, a causa de los tugurios y ese olor imposible de harina de pescado que lo rodea. Pero allí, en el limbo entre lo celestial y lo inmundo, entre lo sublime y lo terrenal, reside su audaz encanto.

Mundo Dios ocupa dos pisos del antiguo edificio. En el primer nivel se encuentran las habitaciones, dos cocinas y un gran salón de encuentros para tertulias y fiestas. En el se- gundo nivel está la bohardilla, un lugar de pi- no tea de 250 m2 con un gran hogar de piedra donde una talla del emblema de la empresa constructora reza, en latín, Fluctuat Nec Mer- gitur, que significa ”flota a la deriva pero no se hunde”. En este piso viven los capitanes del proyecto y allí se encuentran también los grandes espacios que funcionan como talle- res y la sala de exposición.

Aquí el clima y el ambiente tienen un cariz inquietante, el espíritu del vecindario parece estar reflejado en él, pero también hay algo si- niestro en los objetos que lo decoran como las alhajas para pared, unos pendientes enormes de madera y unos diamantes gigantes de acrí- lico rojo, obras de Daniel Basso. Ellos parecen rescatar “el imaginario del esplendor y el lujo”, según su autor, pero a mí me parece que se trata del escenario posterior, el de la decaden- cia, cuando el esplendor ya ha abandonado a los objetos y queda la marca del tiempo. Quizás esta sea una clave para pensar el estilo Mar del Plata, si es que lo hay, fórmula que pa- reciera estar más lejana a encerrar una catego- ría definida que expresar la voluntad de encon- trar un estilo autóctono. Y esto se ubica como un corolario más de la hercúlea tarea de definir la identidad nacional, ¿cuántas capas de copias, pastiches y refritos tendrán que sedimentar pa- ra formar la base del nuevo estilo propio?

A través de la mirada que proponen los diseños de Basso, Souto y Ramos podemos conjeturar que se trata de un estilo que huele rancio. Los franceses usan una palabra: faisandé para hablar de algo que no es ni crudo ni cocido sino pasa- do, de aquello que se encuentra en el momento anterior a convertirse en algo repugnante.

El estilo de interiorismo que producen tiene un espíritu decadentista que no pretende re- valorizar elementos del pasado o del gusto popular ni caer como un kitsch simpático. En todo caso los impulsa cierta energía provoca- tiva. ¿Será el interiorismo el último baluarte para un épatant?

Ellos son unos estetas con gusto por lo inso- portable y la abundancia, que logran sublimar la decadencia a través de una ornamentación histérica y perversa.

Sus objetos revelan que la decoración es un disparate llevándola al límite de la extrava- gancia. En una serie de imitaciones y piezas resignificadas manifiestan el sinsentido de los objetos decorativos, un pesimismo estético, pero también subrayan mediante el uso de la ironía cierta lucidez de la declinación.

El estilo de interiorismo que produce Mundo Dios tiene un espíritu decadentista que no pretende revalorizar elementos del pasado o del gusto popular ni caer como un kitsch simpático. 

Por otra parte, toman también elementos del paisaje de un lugar con el típico complejo de ciudad turística, es decir, que se siente en la obligación de proponer sorpresas e invitar a la aventura cuando quizás no tenga nada de- masiado espectacular más que unas playas y un mar correntoso. Entonces tienen que forzar su gracia y para ello recurren a los re- cursos típicos de atracciones artificiales para generar nuevas sensaciones: el “gigantismo” (la lata de Campagnola gigante, la canasta gigante, el pato gigante), los paisajes simu- lados (la cueva de Lourdes), los objetos ani- mados (Sacoa y su versión religiosa Sacroa) o los animales humanizados (desde la Pantera Rosa del tren de la alegría hasta Juan Carlos, el lobo marino que responde a su nombre). Estos resultan ser elementos constitutivos de un paisaje extraño, bizarro e incompleto cuyo concepto es utilizado como material decora- tivo dentro de Mundo Dios.

Rafel Cippolini en el catálogo de la última muestra de Daniel Basso en Slyzmud inten- ta encontrar una manera de categorizar su estética: ocean decó, decó oceanique, decó portuario, decó Feliz, etc. Me parece acer- tado querer definir su estilo mediante dos términos extraños entre sí, emulando el re- curso compositivo de Basso para crear esos híbridos imposibles.

La muestra constituida por objetos exclusiva- mente decorativos es un gesto de absoluto de- rroche. Si el adorno viene a devolver lo sagrado perdido en la función de las cosas, acá sucede con total revanchismo y desparpajo. Evidentemente, el delincuente de Basso no le teme a Adolf Loos y, como diría Cippolini, es un serial killer del ornamento para el siglo XXI.

Captura de pantalla 2014-07-05 a la(s) 16.43.33