La arquitectura del psicoanálisis

 

Traducción de: The Architecture of Psychonanalysis Volker M.Welter. Publicado en Cabinet issue 45.

 

The Architecture of Psychoanalysis
Volker M. Welter
The consulting rooms of Ernst Freud

 

Publicado en Cabinet Issue 45 “Games”.2012

 

La arquitectura del psicoanálisis

 

Quien quisiera psicoanalizarse en Berlín en 1920 tenía que elegir entre un consultorio privado o una clínica. La búsqueda podría haber empezado con una visita a Karl Abraham, quien atendió en el barrio de Grunewald hasta su muerte en 1925, y haber continuado con un amplio recorrido circular a través de las zonas al oeste de la ciudad, encontrándose en el camino con Hans y Jeanne Lampl en Dahlem, Sandor Radó en Schmargendorf, Max Eitingon en Tiergarten, y, ya de regreso en Grunewald , con René A. Spitz. Si estas consultas resultaban poco exitosas, aún restaba la Poloklinik für Psychoanalytische Behandlung nervöser Krankheiten en Postadamer Strasse, y  a partir de1928en un nuevo edificio en Wichmannstrasse, pero ambos en la zona de Tiergarten. Para una estadía más larga, Ernst Simmel había inaugurado la clínica psicoanalítica de Sanatorium Scholss en Tegel en 1927. Posiblemente nuestro hipotético paciente ignoraría que la búsqueda lo habría llevado a través de una secuencia de modernos interiores psicoanalíticos diseñados por Ernst L Freud (1892­­–1970), el hijo menorde Sigmund Freud y  un exitoso arquitecto de espacios domésticos en la época de Weimar en Berlin después de 1920 y en Londres a partir de 1933.

 

Desde fines del siglo diecinueve y en adelante, el apellido Freud se fue identificando gradualmente  con el psicoanálisis, pero en los años veinte, al menos en Berlín, el apellido era sinónimo de la creación de los primeros consultorios psicoanalíticos diseñados por un arquitecto. Desde el punto de vista intelectual,  la concepción del psicoanálisis de Sigmund Freud ha sido reconocida como una importantísima  contribución a la modernidad occidental. Desde el punto de vista arquítectónico, sin embargo, su consultorio y su estudio contiguo en el 19 de Berggasse en Viena, representaba todo lo que sus contemporáneos progresistas, como los arquitectos de la Arts and Craft y los reformistas higienisistas , consideraban erróneo con respecto a los espacios domésticos del siglo diecinueve. Atestadas de muebles y lleno de antigüedades, estatuas , libros, alfombras orientales, artesanías y el aromático humo de los cigarros, las habitaciones estaban cargadas sensorialmente y ofrecían una gran cantidad de oportunidades para que los pensamientos y las miradas vagaran como así también para que el antihigiénico polvo se acumulara.

 

Comparado con el consultorio de su padre, los  diseñados por Ernst Freud carecían  de desorden visual, de abundantes artesanías, de  figuras decorativas y de alfombras orientales, Sin embrago, había una claridad visual que,  tal vez no era exclusiva del arquitecto. Por ejemplo, a mediados de los años 20, el psicoanalista Pryns Hopkings, oriundo de Santa Bárbara, describió el consultorio londinense de Ernest Jones como “grande, pero a diferencia de su mentor, Freud, estaba casi desprovisto de muebles y de una atmósfera sombría”. A simple vista, las habitaciones de Freud parecían como si este buscara de manera deliberada  separarse arquitectónicamente del legado del padre. Él diseñó divanes de líneas claras, probó su ubicación en cada habitación, desarrolló sillas de diseño especial para psicoanalistas y combinó estas piezas con quizás uno o dos grabados del fundador del psicoanálisis, un escritorio con una silla, una cortina y  planta enmacetada. A juzgar por las pocas fotografías en blanco y negro que han sobrevivido, los consultorios de Ernst Freud  nos resultan diseños modernos, con un interior obviamente orientado a impresionar lo menos posible en la mente del paciente. Sin embargo, al inspeccionar más detenidamente, los consultorios muestran, a pesar de las diferencias estilísticas, que Freud ha estudiado de cerca el escenario del consultorio de su padre y ha adaptado aquellos elementos que el viejo Freud había  identificado como esenciales para el espacio psicoanalítico.

 

En concordancia con la práctica psicoanalítica contemporánea, el joven Freud concibió dos tipos de consultorios: Uno para prácticas privadas,  comúnmente ubicado al lado o dentro de la casa del psicoanalista. Esta disposición seguía la tradición establecida por su padre. El otro correspondía a la ascendente práctica de clínicas psicoanalíticas, donde varios analistas usaban diferentes consultorios. Tenemos conocimiento de seis diseños hechos por Freud para consultorios privados y cuatro diseños para clínicas establecidas en Berlín y Londres. Ninguno de los consultorios privados puede ser reconstruido íntegramente a partir de las imágenes y los dibujos. En la mayoría de los casos, no hay  fotografías o no han sobrevivido, y los dibujos de Freud para la disposición  de los divanes tienen apenas datos como nombre de los clientes, ubicación o fechas que poco sirven para orientarnos.

El 14 de febrero de 1920, la primera policlínica de tratamiento de enfermedades nerviosas abrió en Postdamer Strasse 29, (hoy nº 74) en Berlín. Ubicada justo al sur de Landwehrkanal, la policlínica resultaba algo incómoda para los visitantes que tenían que subir hasta el cuarto piso. A pesar de esto, Eitingon y Abraham quedaron satisfechos con el establecimiento. Ambos hombres hablaron muy bien de los interiores diseñados por Freud para la clínica, que se encontraban de hecho muy cerca de la casa del arquitecto cruzando el canal en Regenstrasse 11. Eitingon había financiado la empresa y como parte de su respaldo a Freud, su hijo fue convocado para remodelar sus interiores. Dos meses antes de que la clínica fuera inaugurada, Eitingon le comentó en una carta a Sigmund Freud que sus hijo los estaba ayudando “por completo con el equipamiento de la policlínica y el diseño de los muebles, encontró buenos artesanos y está supervisando todo el trabajo.” Cuatro semanas antes de la inauguración, Abraham le transmitió al viejo Freud  que “Ernst … ganó reconocimiento por sí mismo por su diseño de la policlínica que ha sido admirado por todo el mundo”. Un visitante describió en 1926 en un pasaje de Psychoanalytic Review  la clínica conformada por “cuatro habitaciones… ubicadas en el cuarto piso de un modesto edificio cerca del centro de Berlin”, cuyas habitaciones “estaban equipadas con  un simple sillón de mimbre, una silla y una mesa.” Las fotografías parecen no haber sobrevivido, si es que alguna fue tomada, ni siquiera tenemos alguna información sobre el color del proyecto.

 

En el otoño de 1928, Freud fue convocado para diseñar nuevos interiores para la policlínica cuando esta se mudó a un nuevo establecimiento en Wichmannstrasse 10. Cuando la policlínica celebró su décimo aniversario en 1930, se publicó un catálogo ilustrado con fotografías de algunos de los interiores diseñados por Freud. Una de estas imágenes muestra una sala de tratamiento, cuyo piso de madera pulido no está cubierto por ninguna alfombra y sus paredes parecen estar pintadas con pintura plástica. Al lado de la cortina de una ventana, hay un pequeño escritorio, una silla de madera torneada ubicada en un ángulo de 45 grados en la esquina de la habitación. La silla tiene un respaldo curvo y un asiento redondo y pareciera ser la Thonet B3 modelo que derivó de un diseño de Otto Wagner para el Postal Saving Bank en Viena. A la izquierda, apenas se alcanza a ver una planta; a la derecha, enfrente de la puerta, hay una silla tapizada  girada levemente hacia el espectador, oculta detrás de una cortina oscura. Al lado de esta, en paralelo a la pared, está el diván con un apoyacabeza tapizado cerca de la silla. Una pequeña fotografía de Sigmund Freud cuelga a la izquierda del cortinado oscuro, casi sobre el escritorio.

 

Otra fotografía da una idea del consultorio de un doctor en plena tarea, un espacio grande con bow window hacia la calle. Un mueble con puertas de vidrio en su parte superior y puertas de madera en su parte inferior se encuentra en la pared de la izquierda. Cerca del bow window cuatro sillas rodean una pequeña mesa. A la derecha se encuentra la silla del analista, seguida de un diván ubicado paralelo a la pared y parcialmente tapado a la vista por una columna.  La silla y el diván son del mismo tipo que aquellos del consultorio más pequeño. Una imagen cuelga arriba del diván y otras tres arriba del mueble, la imagen central es un grabado de la fotografía de Sigmund Freud que le tomó Ferdinand Schmutzer en 1926.

La ubicación del diván y la silla en los consultorios de la policlínica siguen de cerca las instrucciones de Sigmund Freud sobre la  de unocon respecto al otro como lo dejo asentado en un ensayo de 1913 Sobre la iniciación del tratamiento. Las imágenes de Freud, fueron, por supuesto, incorporaciones posteriores al conjunto, una práctica vista también en las fotografías que Edmund Engerlman tomó del consultorio de Anna Freud en Berggasse strasse 19 en 1938. Estos retratos ganaron importancia visual adicional debido a la apariencia ordenada de los consultorios. Con la excepción de la mesa de conferencias en la tercera habitación, Ernst Freud usaba productos masivos, modernas sillas torneadas y luces apropiadas. Esto último otorgaba una distinción moderna, por no decir vanguardista, a los interiores, ya que el arquitecto había elegido la lámpara PH del diseñador danés Poul Henningsen.

 

El más ambicioso esfuerzo del joven movimiento psicoanalítico de Berlín fue, sin embargo, el Sanatorium Schloss Tegel, que abrió el 11 de abril de 1927. La idea fue de Ernst Simmel, quien fue el pionero en utilizar los principios del psicoanálisis para tratar la neurosis de los soldados durante la primera guerra mundial. La clínica nació por su interés en un tratamiento en inmovilidad pensado para aislar al paciente de su vida cotidiana. Estaba ubicado en la planta baja del castillo de Humboldt, también conocido como el castillo de Tegel. En 1906, una clínica privada Kurhaus Schloss Tegel se había establecido en ese solar. Ofrecía tratamientos médicos, terapias físicas, asesoría psicológica, especialmente para enfermedades crónicas y  nerviosas. Kurhaus Schloss Tegel fue un nuevo recinto de cuatro pisos  en despliegue, con varias torres, torretas,  balcones, bow-windows y trabajos en madera parcialmente expuestos que evocaban  las ideas románticas de la Alemania medieval. Los pabellones exteriores, que se encontraban en las cercanías con piscinas acuáticas y rodeados de jardines, permitían a los pacientes tomar agua y aire fresco mientras realizaban ejercicios saludables.

Inicialmente Simmel había contemplado la idea de comprar el edificio, el cual fue inspeccionado por Freud, quien concluyó que la remodelación y modernización requeriría una significativa inversión. En lugar de eso, Simmel lo alquiló, y los cambios que Freud hizo en la decoración pueden verse en un inventario que se realizó cuando el sanatorio colapsó financieramente como consecuencia de  la crisis económica del otoño de 1929. La sucursal de la cadena N. Israel ubicada en Berlín, especializada en suministros de hospitales y hoteles, construyó, en base a diseños de Freud, 25 sofá camas, 24 muebles , 22 camas, mesas de luz, escritorios y estanterías. Tres salas de tratamiento fueron equipadas con divanes, sillas y pequeñas mesas con tapas de vidrio, una vez más basadas en diseños de Freud. Otros equipamientos fueron para la residencia de Simmel y el cuerpo médico, comedores comunes, lounge, salas de espera y espacio de oficinas. El inventario se completaba con un Citröen..

Había un folleto publicitario del sanatorio  ilustrado con las imágenes de los interiores de Freud, en particular aquellos de una habitación simple y una sala de tratamiento. Ambas habitaciones muestran todo el desarrollo del estilo freudiano, si bien pertenecían a una institución y no al ámbito doméstico. Los pisos eran vinílicos cubiertos parcialmente con alfombras con diseños geométricos. Todos los muebles hechos en madera u ocasionalmente en mimbre fueron diseñados en base a líneas puras. Es notable el énfasis de los textos en los diferentes colores de las habitaciones y las formas geométricas y rectas de los muebles, ambos considerados como contribuyentes al proceso de curación. Se consideraba que el proceso terapéutico sería más exitoso si las habitaciones diseñadas simulaban interiores domésticos donde se desarrollan actividades, por ejemplo, livings, estudios u oficinas domésticas, antes q entornos como dormitorios, asociados típicamente a formas pasivas de relajación.

 

La sala de tratamiento, en contraste, es mucho más serena. El elemento más destacado es un diván que se coloca libremente en el centro del espacio con una pequeña mesita a su costado, al lado del apoyacabeza. Sigmund y Anna Freud colocaban sus divanes pegados a las paredes en sus respectivos consultorios. Ernst tomaría esta posición cuando diseñó la segunda policlínica de Berlín, aunque las condiciones precisas de su ubicación original no son conocidas. Pero en el Sanatorio de Tegel, el diván está colocado en una posición mucho más expuesta en el centro de la habitación.

 

Existen muy pocas imágenes de los consultorios de la época para decidir si esta  ubicación era nueva o estaba ampliamente aceptada. En 1938, cuando el arquitecto británico Christopher Nicholson diseñó un consultorio para Rosmery (Molly) Pritchard, propuso una posición similar para el diván.

El sillón de Pritchard estaba ubicado diagonalmente enfrente de la chimenea con la cabecera orientada hacia una pantalla curva que evitaba que el diván fuese visto desde la puerta de acceso. La posición del diván de hecho ha sido teorizada dentro del contexto inglés por el psicoanalista John Rickman. Durante los años cuarenta, mientras entrenaba estudiantes, Rickman usó una maqueta de un diván en pequeña escala y unas tiras de papel simbolizando las paredes del consultorio para discutir las diferentes opciones sobre donde colocar el diván. Al final de los cincuenta, la ubicación del diván en una posición completamente libre es conocida como un “quiebre con la tradición”.

El consultorio en el sanatorio de Tegel también cambió la relación espacial entre el paciente y el psicoanalista reposicionando la silla de este último. Las sillas de Sigmund Freud, de Anna Freud, y la de la segunda policlínica de Berlín estaban ubicadas cerca del extremo de la cabecera del diván. En los dos consultorios vieneses, las sillas se ubicaban inmediatamente detrás de la cabecera de los divanes y como estas estaban orientadas perpendicularmente hacia el último, los pacientes quedaban fuera del campo de visión del psicoanalista y viceversa. Semejante era la disposición en la segunda policlínica, donde el psicoanalista se ubicaba detrás del paciente, pero ahora rotado 30 grados hacia él. Aunque estaba más girado hacia el diván, el paciente seguía sin estar en la línea directa con la mirada del analista. En el sanatorio de Simmel, la silla se ubicaba en un ángulo similar hacia el diván pero en una esquina detrás de él, y mucho más alejado del mismo. En consecuencia, el paciente estaba ahora bajo la mirada del psicoanalista. El diseño de Nicholson iba aún más lejos  poniendo la silla en la esquina diagonal opuesta al diván, entonces el amplio campo visual resultante era de alguna manera interrumpido por la pantalla curva, aunque estos era aparentemente  experimentos excepcionales t poco conocidos de la ubicación espacialen el psicoanálisis. El libro de Trygve Braatøy editado en 1954, Fundamentos de la técnica del Psicoanálisis, recomienda ubicar la silla lejos del diván a 120 grados del mismo para asegurar tanto el aura como el contacto visual con el paciente; sus colegas se opusieron a esta propuesta temiendo “una revolución o un completo cambio de la posición.”

El diván que Freud diseñó para el sanatorio de Tegel seguía el modelo  tradicional vienés pero modernizado y  aún más puro. Era de 220 centímetros de largo, 52 cm de alto en el  extremo de los pies, y 80 centímetros de alto en el otro extremo. La cabecera se curvaba hacia arriba, recordando  la cabecera alta del diván original de Viena. Dos bisagras bajo un apoyapies curvo indicaban que el extremo vertical del tablero podía ser levantado, quizás para acceder a un espacio de guardado. Los dibujos de Freud del diván no indican ni colores ni materiales más allá de que la base estaba recubierta con vinilo.  Una pesada silla, otro diseño de Freud, acompañaba al diván. Dos marcos rectangulares hechos de madera formaban los costados y los apoyabrazos de la silla con un grueso asiento acolchado en el medio. El respaldo tapizado se inclinaba levemente hacia atrás. Debajo del asiento, un apoyapies recuerda las características de la silla  que era (y sigue siendo) tan popular en las playas alemanas a lo largo del Mar Báltico. Freud estaba familiarizado con estas sillas, ya que era el dueño de una casa de vacaciones en la isla de Hiddensee.

Los interiores del sanatorio de Tegel son los únicos conocidos por nosotros en donde Freud diseño un diván y una silla que estaban hechos a medida para el psicoanálisis. Ninguna de estas piezas ha sobrevivido, aunque sepamos que otro tipo de diván del sanatorio fue enviado a Inglaterra, cuando su dueña, Eva Rosenfeld, una psicoanalista nacida en Berlín que trabajaba en Tegel , abandonó Alemania. Cuando el sanatorio de Simmel cerró a finales del 31, Rosenfeld recibió un diván en lugar de su último sueldo. Este sin embargo no fue el diván de tratamiento retratado en las fotografías, sino una camilla utilizada en el sanatorio que, una vez llegada a Inglaterra, fue utilizada como sillón de consulta. Cubierto en paño verde, era chato y rectangular, notablemente parecido a los sillones de consulta que Freud diseñó para otras locaciones además de la de Tegel. En realidad, aparte de Tegel,  sus dibujos para divanes, tanto terapéuticos como domésticos, por lo general muestran piezas de mobiliario bajas y rectangulares con apoyabrazos cilíndricos en uno o dos de sus extremos. Dependiendo del destino, o de las intenciones de uso,  los dibujos estaban catalogados simplemente como “diván” o “diván de tratamientos”, ilustrando un pragmatismo que permitía de esta manera que sus diseños pudieran darle doble uso en contextos variados.

En 1933, luego de que Ernst Freud viajara  a Londres, Melanie Klein le pidió que remodelara su casa y su consultorio en John´s Wood St. Freud dividió la habitación con forma de L en una pequeña sala de espera y en un consultorio. Este último fue amueblado con pesados sillones, un sofá, varios diseños de mesas de Freud , un diván que, una vez más, se parecía a los que había diseñado para casas privadas en Berlín. El diván se ubicaba al lado del sillón, visible al extremo derecho en la fotografía de la habitación (como ocurre todavía, los analistas se oponían a menudo a que sus divanes fueran fotografiados, lo cual explicaría la forma  como ha sido enmarcada la imagen omitiendo este elemento primordial del mobiliario). Un tiempo antes de que se muriera,  Klein le dio su silla y su diván  al psicoanalista norteamericano Donald Melzter, el cual  llegó a Londres en 1954 y quien seguía usando ambos objetos cuando lo entreviste en  2002 en Oxford. El diván tenía dos apoyabrazos de madera incrustados en dos capas de mimbre. Estaba tapizado con un paño verde pálido con rayas finas, las telas originales seguían recubriendo el sillón en el 2002. Los almohadones cilíndricos del mismo material podían ser utilizados también como respaldo si el diván estaba colocado a lo largo de la pared.  El destino de ambas piezas después de la muerte de Meltzer en el 2004 es desconocido.

En Londres, Freud, pudo finalmente diseñar también un consultorio para su padre. En 1923, siendo un joven profesional, había deseado reformar  el consultorio de Berggasse 19  siguiendo  principios más funcionales , un deseo que en ese entonces había provocado un fuerte rechazo de Anna Freud. Quince años más tarde, siendo un arquitecto maduro, Freud no sólo tuvo la oportunidad sino también la responsabilidad de crearles a sus padres un nuevo hogar, que incluía el último consultorio que su padre usó.

Pocos meses después de su llegada a Londres en el exilio en 1938, Sigmund y Martha Freud se mudaron a  su última casa, ubicada en el número 20 de Maresfield Gardens en Hampstead. Para  entonces, la casa había sido remodelada completamente. Un objetivo fue recrear el mismo interior del estudio vienés de Sigmund Freud y su consultorio, que junto con el diván y la silla lateral se habían convertido en el símbolo del psicoanálisis y la vida de su fundador.

Cualquier recreación precisa o detallada de las disposiciones espaciales de las habitaciones vienesas en Londres hubiera resultado imposible,  ya que el estudio y el consultorio estaban ahora juntos en un solo espacio. En un principio, Ernst puso al diván enmarcado entre estanterías, adoptando un dibujo que muestra un diván de alto respaldo que pertenecía ciertamente al hogar londinense de Freud. Sin embargo, el rescate, , de muchas posesiones personales, de muebles y de las amadas colecciones de estatuas antiguas de Sigmud y  esculturas de piedras otorgaban un número suficiente de objetos familiares que recreaban la atmósfera y la impresión visual de las habitaciones vienesas. A lo largo de toda una pared, Ernst colocó una estantería que iba de piso a techo donde se acomodaban aquellos libros que el viejo Freud había valorado lo suficiente como para enviarlos a Londres. Los dos gabinetes de exhibición de estilo Biedermeier que en Viena formaban parte de la colección de antigüedades estaban integrados en la nueva estantería  l. Había más antigüedades  colocadas en una mesa rústica enfrente de la estantería,  en otros gabinetes (aparadores) distribuidos a lo largo de toda la habitación.

Contra la otra pared, el diván estaba ubicado con el sillón perpendicular a su cabecera. Sobre el diván estaban  colgados algunos grabados de Sigmund , y detrás el tapiz que cubría toda la pared. Enfrente al diván había un escritorio con una silla que había sido diseñada en 1930 por Felix Augenfeld, un amigo de Ernst de la época en que eran estudiantes en Vienna, como  regalo de Anna Freud a su padre.

 

El conjunto recordaba al de Vienna, aunque no fuera una recreación muy precisa. Por ejemplo, el grabado de Abu Simbel que colgaba arriba del diván en Viena ahora se encontraba sobre la chimenea. La habitación parecía haber sido recreada a partir de la memoria ordenando los objetos más importantes cerca de donde estaban ubicados en las habitaciones de Viena. Considerando que el diván y la silla formaban los lugares esenciales del psicoanálisis, el consultorio-estudio   londinense es un ejemplo de la adaptabilidad de esta disposición de espacios íntimos en diferentes espacios arquitectónicos.

Al mismo tiempo, la ordenada mano de Ernst Freud se hace visible en pequeños ajustes de diseño como, por ejemplo, en la integración casi simétrica de las cajas de exhibición en los estantes de libros o en las paredes suavemente oscurecidas que armaban pequeñas agrupaciones de muebles y objetos que resaltaban aún  más que en los oscuros rincones del departamento de Bergasse. Estas creaban deliberadamente puntos de referencia de objetos familiares en el aún poco familiar contexto de la nueva casa, ambos en el sentido de Zuhause, el entorno físico en una casa, y de Heimat en Londres e Inglaterra. Sigmund Freud estaba al tanto de estos sutiles  pero fundamentales cambios en la disposición de su colección de arte. En una carta al analista Jeanne Lampl – escrita el 8 de Octubre de 1938, apenas unos días antes de mudarse a su nueva casa- Freud comenta que su colección de estatuas y antigüedades  era ahora más visible que antes. Y continúa diciendo que su colección no era más una colección viva, ya que no podía agregar ninguna pieza más a la misma. Cerca del final de su vida, su colección de antigüedades ocupaba más la mente del analista que la ubicación del diván y la silla, los símbolos de su profesión, o incluso que su entorno arquitectónico. Lo que puede ser considerado como un descuido en el trabajo de su hijo podría, sin embargo, ser interpretado como una halago indirecto a Ernst Freud, quien se esforzó a lo largo de toda su carrera por realizar una práctica arquitectónica que no se impusiera sobre el cliente: bastante comparable al rol de su padre en el proceso psicoanalítico.

 

Traducción: Marina Zuccon

Revisión: Lina Jacovkis

 

 

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