La idea siempre fue de Amancio

Publicada en la revista Ramona #51 Junio 2005

En exclusiva para el Club de Arquitectura:
entrevista a Delfina Gálvez. Buenos Aires, 8 de septiembre de 2004.
Por Sofía Picozzi y Marina Zuccon

Marina Zuccon: Delfina, ¿usted colaboró con Amancio Williams en la casa del puente de Mar del Plata?Delfina Gálvez: En la casa del puente poco, pero en la decoración sí. Lo que pasa es que Amancio muchas veces me hacía firmar cosas que yo no había hecho, y cosas que sí hice no las firmé. Por ejemplo el plan de urbanización del Tigre, ese lo hice yo prácticamente todo, pero no lo firmé. En realidad he trabajado muy poco en arquitectura.

MZ: ¿Y por qué había algunas cosas que us- ted firmaba y otras no?

DG: En realidad Amancio hacía todo solo.

MZ: Pero tenía colaboradores…

DG: Él tenía la idea central siempre, a los dos se nos ocurrían ideas, a todos los que estábamos al lado de él, pero a él se le ocurrían mejores.

MZ: ¿Dicho por quién que eran mejores, por él o por usted?

DG: Yo reconozco que eran mejores. En la ca- sa del puente, por ejemplo, él tuvo otras ideas antes. La idea que tuvimos los dos desde el principio fue no sacar ni un árbol, y el único lu- gar que quedaba era a ambos lados del arroyo. Siempre existió la idea de edificar sobre el arroyo. Primero habíamos pensado en pilotes, y Amancio había pensado en unas vigas que se llaman Vierendell, que dejaban muchos huecos donde iban a ir los vidrios. Después de pronto se le ocurrió esto que fue una idea muchísimo mejor que todas las anteriores.

Sofía Picozzi: ¿Cómo fue su colaboración en la decoración?

DG: Era poca cosa porque la casa tenía una especie de espina dorsal que eran los placards de cada lado. Después se pusieron las camas, las colchas, cortinas y una serie de cosas. (…)

MZ: Para la introducción del libro Amancio Wi- lliams, Emilio Ambasz le escribe unas cartas…

DG: Que nunca me mandó, por supuesto. Y dice unas cosas que yo jamás le dije, un inven- to de él.

SP: ¿Qué dice?

DG: Que yo trataba de que Amancio hiciera cosas más comerciales para ganar plata, no es cierto.

MZ: Leo lo que dice: “Criticarlo por no mover- se lo suficientemente rápido en circunstancias que requieren movimientos ágiles, como las de la Argentina, sería desconocer sus razones existenciales. Tal vez si él la hubiera dejado a usted manejar alguno de los asuntos munda- nales algunos de sus proyectos podrían haber- se levantado del suelo”.

DG: Puede ser, pero eso es una suposición como cualquier otra.

MZ: Nosotras nos preguntábamos cuáles serí- an esos asuntos mundanales.

DG: Lo que pasa es que Amancio no sabía tratar con los clientes. Yo estaba completamente de acuerdo con él en no transar de ninguna ma- nera en cuanto a las ideas, si le pedían una ca- sita Tudor no la tenía que hacer, yo estaba completamente de acuerdo en eso. Pero si le pedían tres dormitorios tenían que ser tres dor- mitorios. Si le decían que podían gastar X pe- sos no podía calcular el doble. Pero Amancio veía todo muy grande, entonces si le pedían una casa de oro la proyectaba de diamantes, y eso dificultaba mucho la relación con los clien- tes. Ya era bastante difícil que aceptaran tener una casa moderna, pero si además no respon- día a las necesidades de ellos o era demasiado costoso, era demasiado pedirles…

SP: Y en los proyectos en los que usted no participó directamente, ¿tenía alguna influencia por otro lado?

DG: Influencia no creo, Amancio no era una persona que se dejara influir.

SP: ¿Usted trabajó con algún otro arquitecto?

DG: No.

MZ: ¿Se escribían con Le Corbusier?

DG: Amancio lo conoció en Europa y después siguió escribiéndose con él.

MZ: ¿Usted también se escribía con Le Cor- busier?

DG: Yo le escribía las cartas a Amancio por- que sabía francés muy bien, él lo hablaba bien pero no lo sabía escribir. Pero correspondencia directa, no.
(…)

MZ: En el libro de Amancio también aparece usted como colaboradora del proyecto de las casas en el espacio.

DG: Ahí también, pero la idea fue de Amancio. MZ: ¿En general en las obras que usted apa-

rece como colaboradora la idea fue de Amancio?

DG: La idea siempre era de Amancio, sean los colaboradores que aparezcan, la idea siempre fue de Amancio.

SP: ¿Y eso no era un conflicto para usted? DG: No, si la idea de él era mejor…
(…)

MZ: Delfina, ¿a usted le importa que su cola- boración en la obra de Amancio a veces no sea mencionada?

DG: No, no me importa nada, a mí me gusta que las cosas salgan bien.

MZ: Nosotras pensábamos en algunas cola- boradoras de Le Corbusier, o de Mies van der Rohe…

DG: En Europa era distinto…
MZ: También en algunas obras aparecen como colaboradoras solamente…

DG: No ha habido mujeres arquitectas muy importantes.

MZ: Esa es la pregunta que nos hacemos, si no hubo muy importantes o si no las nombran.

DG: No, yo creo que no hubo, creo que sabrí- amos, por todo el mundo feminista que hay ahora se sabría.

MZ: Por ahí ahora sabemos de las de ahora, pero las de antes…

DG: Es que no sé, las de ahora tampoco, los más grandes son todos hombres, Calatrava es hombre, Gehry es hombre, Ambasz es hom- bre…

MZ: Esa es una pregunta, ¿no? Será por eso o existe algún prejuicio.

DG: Yo creo que debe ser por eso, porque ahora no hay tanto prejuicio. Ya hubo varias generaciones de arquitectas, alguna pudo ha- ber brillado más especialmente.

MZ: Quizá tenga que ver con lo que le pasó a usted, las mujeres finalmente se terminan de- dicando a sus hijos.

DG: Yo no sé porque ahora no estoy al tanto, ahora las familias son mucho más chicas. Mis hijas y mis nietas son muy independientes, aunque se dedican mucho a su familia.

SP: Marina tiene una teoría que es que quizá lo que había pasado con las arquitectas mo- dernas es que no se habían preocupado por buscar un reconocimiento que los hombres sí.

DG: Yo creo que si alguna hubiera sido un ge- nio de la arquitectura habría terminado por aparecer. Son siglos de supremacía de los hombres…

MZ: Hay una anécdota de Charlotte Perriand que había colaborado con LC, Beatriz Colomi- na escribe un artículo donde hablaba que LC nunca la había nombrado y ella había partici- pado por ejemplo en los interiores de las ca- sas…

DG: Pero no creo que se le hayan ocurrido ideas tan brillantes como se le habían ocurrido a LC.

MZ: También tiene que ver con una idea dis- tinta sobre la autoría o la colaboración, como cuando usted nos dice: “a mí no me interesaba si me nombraban”.

DG: No, no me interesaba porque estaba en otra cosa.

MZ: Y cuando sus hijos fueron más grandes, ¿qué relación tuvo con la arquitectura, ya había quedado en el pasado?

DG: Estaba muy alejada. Hice una obra, que ni sé si existe todavía, era un pabellón nuevo adosado a una casa más bien antigua, hice una cosa más bien neutra, no se podía hacer muchas cosas raras. No podía chocar mucho.

MZ: ¿Y la casa dónde queda?
DG: Era en San Isidro, por La Horqueta creo, no sé en qué está…

SP: No le importa mucho.

DG: No, no era una obra nada extraordinaria. Lo que sí hice son jardines, después me dedi- qué mucho a viajar.
(…)

MZ: Delfina, usted escribió hace poco un libro sobre su infancia, ¿piensa escribir sobre los años posteriores?

DG: No, es todo muy comprometido después. Estoy terminando un libro de cuentos.

SP: ¿Escribió algún artículo sobre arquitectura?

DG: Sobre arquitectura he escrito alguna vez, en una historia de la arquitectura, un capítulo sobre la arquitectura Argentina de los siglos XIX y XX, en realidad eso se lo habían pedido a él.

MZ: Ahí no tenía la excusa del idioma.

DG: No, pero para Amancio no era su cosa escribir.